lunes, 28 de junio de 2010

Puerto Príncipe sigue esperando la ayuda prometida


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Haití.- ¡Madame! ¡Madame! es el saludo que recibes al desmontarte de un autobús en esta capital devastada por el terremoto del 12 de enero, por un enjambre de niños y adultos con las manos extendidas tendidas buscando comida, agua o una moneda que le sirva para mitigar su miseria.
El episodio se repite una y otra vez, al caminar frente a la Plaza “El Campo de Marzo”, lugar que en algún momento fue la plaza más bella y grande del Caribe.
Hoy está habitada por miles de desplazados, que se quedaron sin casa, la fatídica tarde del 12 de Enero, cuando la tierra se sacudió con furia sobre los siete grados en la escala de Richter que echo por tierra los muros milenarios y modernos de la capital más pobre de América.
La Plaza creada para rendir tributos a los héroes de la nación morena que primero se libero en el Nuevo Mundo, hoy es una sola carpa, donde las personas han aprendido a vivir, bajo agua, sol y sereno.
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Los haitianos son hombres y mujeres que viven del comercio a todos los niveles, y el terremoto y sus secuelas no han menguado su espíritu fenicio.   Los fenicios, son considerados como los primeros grandes comerciantes de la historia.
 En los campamentos levantados de prisa en estadios deportivos, plazas, parques, patios, calles y avenidas, los  haitianos y haitianas muestran sus mercancías a nativos y visitantes, incluso se puede observar las ventas de banderas, tanto de su país como las naciones que participan en estos momentos en el Mundial de Futbol.
A propósito del Mundial de Futbol pudimos observar un centenar de haitianos presenciando un partido entre Sudáfrica y Uruguay, muy atentos a este deporte, que es el deporte nacional y que llevan en la sangre de nacimiento.
A pesar de su desgracia no dejan de sacar un momento para practicarlo en algún espacio dejado libre por las carpas y ruinas sembradas por el terremoto.
Haití sigue igual,  a pesar de tantos anuncios de “ayudas”; de tantas reuniones, cumbres y demás alharacas tejidas a raíz del cataclismo de enero.
Desde que toma la rivera izquierda del lago Azuei y deja el Mal Paso, inundado hasta llegar a amplia la avenida Toussaint-Louverture los rostros de aquella gente se ven perdidos buscando una esperanza, alguien que los saque de una pesadilla tan larga como la historia de esclavitud y rebeldía que lo ha hecho fuerte hasta frente a las inclemencias de la naturaleza.
Más allá de sus fronteras, solo grandes titulares para Haití, después todo sigue igual, las imágenes se repiten una y otra vez. Carpas, escombros, carpas, escombros y nada más.
Haití sigue esperando por ayuda prometida, que se ven en los grandes noticieros de todo el mundo, mientras la población sigue con las manos tendidas esperando una migaja.
Puerto Príncipe  es una capital de 3 millones de habitantes, de los que se estima murieron 200, 000 en el sismos que no se olvidará, aunque pasen varias generaciones. De estos, se estima que alrededor de 300.000 personas  quedaron sin techo.

Puerto Príncipe sigue siendo un gran campo de refugiados, donde la palabra más común en cleól o francés es ¡madame!, ¡madame!, buscando algo de comer o beber.

 

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